miércoles, 16 de mayo de 2012

EL ESFUERZO SIN ESFUERZO EN LA PRÁCTICA DE ASANAS

En la sección tres de los sutras referentes a las Asanas en el capítulo Sadhana Pada (2.46-48) de los Yoga Sutras, Patañjali dice:  "Pratyatna saithilya ananta samapatthibhyam" (Se logra la perfección en asana cuando el esfuerzo al realizarla se torna no-esfuerzo y se alcanza el ser infinito interior”) (YS 2.47). –B.K.S. Iyengar.

 El tema que quiero tratar en este artículo es cómo conseguir el no-esfuerzo en posturas que representan un reto físico como son Virabhadrasana III o Kapotasana y qué significa esto.

Podéis dudar que este esfuerzo sin esfuerzo es posible dada la exigencia física de muchas asanas (o de la mayor parte de ellas). Pero solo tenéis que mirar a B.K.S. Iyengar permanecer en Dwipada viparita Dandasana o Kapotasana durante cinco, diez, quince minutos o más y observar (o para ser más exacto, experimentar) la calidad del no-esfuerzo en la postura durante ese tiempo y entender que el no-esfuerzo no solamente es posible, sino que al menos para Guruji, este estado de no-esfuerzo en asanas difíciles es una realidad.

Antes de profundizar en la materia, quiero contaros una anécdota de mi vida que documenta las investigaciones sobre lo que hoy voy a decir en este artículo. El descubrimiento fue el siguiente: hace cinco años, mi presión arterial alcanzó niveles de 140/90 que preocuparon mi médico. A pesar de que estos niveles no son alarmantes, mi médico opinaba que tenía que medicarme para bajar la presión arterial a niveles normales antes de que subiera más o causara una tensión prolongada en mi sistema cardiovascular.  Soy reacio a tomar medicación por diferentes motivos y aunque entiendo que a veces es absolutamente necesario, ésta no parecía ser una de ellas, al menos no de momento. Además, soy un profesor de yoga que utiliza su práctica para desentramar los retos de la vida y sentí la necesidad de usar mis conocimientos para trabajar con mi estado.
Empecé probando las secuencias de Asanas y Pranayama recomendadas para la hipertensión. Me controlé obsesivamente la tensión con un aparato convencional. Me tomaba la tensión  antes y después del pranayama, en diferentes momentos, antes y después de las asanas y varias veces durante el día. Parecía que estaba un poco  loco pero fue una experiencia interesante. Las secuencias recomendadas no me funcionaron; de hecho, parecían aumentar mi estado de tensión. Lo que sí me funcionó (mi presión sanguínea está ahora en 120/80) fue el estar muy atento a mis órganos de los sentidos y a varias partes de mi cabeza y cuello (sienes, garganta, etc.) en la práctica de Asanas, y especialmente en Pranayama. Tuve que desarrollar una actitud de no-esfuerzo en mi práctica antes de que empezara a bajar mi tensión sanguínea.
Este ensayo no lo escribo para dar detalles de mi aventura con mi presión arterial, pero la exploración del no-esfuerzo en la práctica es lo que me ha ayudado a entender lo poco que he logrado hacer acerca del esfuerzo-sin-esfuerzo y de la perfección de las Asanas según los comentarios de Patañjali y de Guruji. En cambio, sí da lugar a los comentarios que siguen.
A excepción de las asanas en las que el cuerpo está completamente soportado, como Savasana, Supta Baddha Konasana, Viparita Karani, y similares, todas las demás posturas requieren un esfuerzo físico. Hasta las Asanas más sencillas requieren alguna acción muscular para efectuarlas y mantenerlas.


Las posturas sentadas como Svastikasana y Virasana son las que requieren menos energía, pero incluso éstas necesitan un esfuerzo muscular para mantener la columna equilibrada y erguida. Supongamos que este esfuerzo-sin-esfuerzo no significa “no-esfuerzo”. Entonces, estamos hablando de un nivel determinado de esfuerzo. ¿Cómo podemos construir una postura, incluso una asana avanzada, con el mínimo esfuerzo posible?
El primer paso para desarrollar el esfuerzo-sin-esfuerzo es aprender. ¿Os acordáis lo agotador que era aprender a conducir? Toda vuestra concentración estaba en los pedales, en el volante, en mirar el camino para no chocar con algo. ¿Os acordáis cuando estábais aprendiendo a hacer Utthita Trikonasana? Tantas cosas en que pensar y hacer al mismo tiempo. Bien, practicásteis y aprendísteis. Oí a Guruji refiriéndose a esto como "donkey work". El trabajo de los burros está intrínsecamente lleno de esfuerzo.
Después de un tiempo, el trabajo del burro se transforma en “trabajo de mula”. Las mulas son más inteligentes que los burros. Responden a órdenes verbales y producen más. El practicante haciendo trabajo de mula capta las instrucciones, su cuerpo responde más rápido, con menos movimientos raros y con menos desgaste de energía. Hace menos esfuerzos y logra un mayor efecto.
A través de la persistencia y la devoción, la práctica de los estudiantes evoluciona a “trabajo de caballo”. En este momento, ya han adquirido mayor sensibilidad, inteligencia y refinamiento. Observad cómo se mueve un caballo y comparad sus movimientos con los de una mula o de un burro. El caballo se mueve mucho más rápido y en cambio sus movimientos parecen más fáciles, fluidos y elegantes pero sin esfuerzo.
Como sabéis, uno de los beneficios de una práctica continuada es que cuanto más tiempo y más a menudo se practica , más habilidoso se vuelve uno. Y cuando se actúa hábilmente se requiere mucho menos esfuerzo para realizar la misma tarea que antes era agotadora. Ahora que ya habéis aprendido a conducir vuestro coche (más o menos), podéis conducir, comeros una barrita de cereales, sintonizar la radio, leer un letrero de la carretera o hablar con el acompañante al mismo tiempo, normalmente sin  chocar y sin haceros añicos. El no-esfuerzo se adquiere entonces como resultado del aprendizaje.
Otro aspecto importante para encontrar el esfuerzo-sin-esfuerzo es la intención (sankalpa). ¿Por qué practicáis asanas? Si es principalmente para fortaleceros, para volveros más flexibles, y para desarrollar resistencia, vuestro objetivo es principalmente físico, entonces el esfuerzo en la práctica diferirá de si la intención al hacer las asanas es llevar el cuerpo y la mente a un estado sosegado de equilibrio. Podéis convertiros en virtuosos de las posturas más difíciles y esforzaros en hacerlas. Para el ojo no entrenado vuestras posturas parecerán espectaculares pero estarán muy lejos de la perfección como la define Patañjali. Si no tenéis interés en alcanzar el no-esfuerzo, si no es lo que estáis buscando, entonces es poco probable que el esfuerzo-sin-esfuerzo llegue.
Una vez entendido esto, se ha de tener en cuenta que cada práctica no necesita o debe de encauzarse hacia el esfuerzo-sin-esfuerzo. A veces estáis tratando de aprender algo nuevo: una nueva postura o una nueva acción en la postura. En este caso os estaréis esforzando para aprender lo que estáis tratando de aprender. Cometeréis errores y tendréis que repetirla una y otra vez. Aunque fueráis practicantes maduros, en esta práctica estaréis retornando al trabajo de burro. La perfección no es la solución.



El elemento más importante en tu búsqueda del esfuerzo-sin-esfuerzo es desarrollar una mente calmada y receptiva. Esto puede llegar solo cuando hayas experimentado el trabajo de burro, de mula y de caballo y hayas decidido que el esfuerzo-sin-esfuerzo es el objetivo de tu práctica. Mientras estés aprendiendo la bio-mecánica de un asana y tratando de conseguir las habilidades físicas necesarias, será difícil lograr la mente reflexiva indispensable para el esfuerzo-sin-esfuerzo. Estarás centrado en “el hacer”. El hacer conlleva un esfuerzo. Alguien preguntó una vez al famoso yogui Swami Satchidananda si, siendo un yogi, era también un Hindú. Movió ligeramente la cabeza, parpadeó, y dijo, “Soy el que no hace”. Solo eso. Para que tus esfuerzos disminuyan, debes volverte habilidoso y deliberado en el hacer, de otra manera, lo burdo de tu hacer perturbará tu mente. Par ir del hacer al deshacer tienes que llegar a estar tranquilo, receptivo, y reflexivo en cuerpo y mente.
Durante una de sus disertaciones acerca de la mente reflexiva, Prashant Iyengar ha comparado la mente con un estanque o un lago. Dice: “La tierra tiene que aquietarse y es solo entonces cuando se obtienen reflejos. De esta manera, la mente ha de estar tranquila como un lago, así obtendrás el reflejo… Si estás constantemente provocando ondas y olas en tu mente, no puede haber ninguna posibilidad de reflejo”.
Los ajustes necesarios para crear una mente reflexiva y reducir el esfuerzo tienen lugar en niveles diferentes. Un nivel familiar para todos los que practicamos Yoga IYENGAR es el nivel que involucra la alineación. La alineación es importante por muchas razones (seguridad, eficiencia bio-mecánica, estética) pero es crucial en facilitar el libre flujo de energía en el cuerpo. La desalineación crea resistencia, la resistencia impide el flujo de energía. Entonces se necesita un esfuerzo mayor para trascender la resistencia producida por la desalineación. Cuando el cuerpo se alinea correctamente, las células del cuerpo funcionan en harmonía. El funcionamiento harmonioso produce soltura en el cuerpo y serenidad en la mente. Así, cuerpo y mente logran más fácilmente un estado reflexivo.
Para el principiante, la alineación conlleva esfuerzo, trabajo de burro. Está aprendiendo qué acciones ha de llevar a cabo para lograr una alineación correcta  en las posturas. No se preocupa por el esfuerzo-sin-esfuerzo, simplemente está tratando de lograr la alineación correcta. En el momento en que deja de pensar en elevar las rótulas, éstas bajan. No está permiendo que se dé un reflejo, tiene que seguir pensando y tiene que continuar haciendo.


Para el practicante maduro, el trabajo está hecho. Sus rótulas se mantienen elevadas. Debido a que es capaz de mantener un estado mental reflexivo, el momento en que sus rótulas bajan es como una puiedra lanzada al tranquilo lago de su mente. No piensa, “Oh, mis rótulas han bajado, tengo que elevarlas.”.Las células de su cuerpo perciben el cambio y realiza el ajuste intuitivamente. En esta etapa, la alineación y los ajustes no pasan por el cerebro, pues esto perturbaría el estado reflexivo y crearía esfuerzo. La desalineación es el hacer y el ajuste intuitivo y reflexivo es el deshacer.
Todo este proceso sucede también con la respiración. Una manera de llevar la mente a un estado de mayor tranquilidad es manteniendo la consciencia en la respiración. Es también una forma de monitorear y ajustar el esfuerzo que estás haciendo en tu práctica. Los principiantes frecuentemente no saben cuando están colapsando la respiración. Han de aprender a observar la respiración como parte de la ejecución de la asana. Asumiendo que no existen problemas respiratorios, la respiración debe de ser tan suave, firme y fácil como sea posible; en otras palabras, sin esfuerzo. Ciertamente diferentes posturas implican diferentes exigencias en la respiración. La respiración en Marichyasana III será intrínsecamente más difícil que en Bharadvajasana II. La respiración cambiará en el contexto de cualquier asana, dependiendo de cuanto esfuerzo estéis haciendo. En el momento de ajustar la postura, sed conscientes del efecto de los ajustes en la calidad de la respiración. Poned atención eparticularmente en el diafragma y creas tanta suavidad y espacio como sea posible. Si encontrarais dificultades en la respiración  o necesitais respirar por la boca, estáis muy lejos de lograr el esfuerzo-sin-esfuerzo. Cuando los ajustes lleven vuestra respiración a un ritmo fácil y suave, encontraréis que el cuerpo se libera de algunos esfuerzos y la mente se moverá hacia un estado más reflexivo; se volverá más clara y calma.
Este proceso es incluso más relevante en la práctica del Pranayama. Al enfocar la atención directa y principalmente en la respiración, la mente pasa de un estado reflexivo a un nivel más sutil. Una de las razones por las que los practicantes de Yoga Iyengar nos iniciamos haciendo Pranayama en Savasana es para permitir la calma y relajación del cuerpo y crear las condiciones para una mente receptiva que son esenciales para el Pranayama.


Una vez que se han alineado y relajado los músculos del cuerpo y la mente está en un estado receptivo, se ha de prestar atención a los órganos de los sentidos. Los ojos, oídos, lengua, piel, incluso el estado de las membranas mucosas en la nariz y de los senos nasales tienen que llevarse a un estado de gran sensibilidad. He descubierto que es más fácil hacer esto en Pranayama que en Asana. La quietud relativa del cuerpo en Pranayama nos conduce a poder observar los órganos de los sentidos de una manera muy sutil. Cuando os habéis sensibilizado en Pranayama, esta sensibilidad se puede llevar a la práctica de Asanas.
Del mismo modo que se relajan los músculos, la relajación de los órganos de los sentidos es una cuestión de práctica. Dirigid voluntariamente vuestra atención a cada uno de los órganos de los sentidos, soltad el control y las tensiones permitid que se aquieten. La mente receptiva percibe la tensión (esfuerzo) y envía el mensaje de soltarla. Los profesores lo hacemos también con nuestros alumnos cada vez que les enseñamos Savasana. Sin embargo, una vez que habéis conseguido la habilidad de lograr una completa pasividad en los órganos de los sentidos, la mente pasa de receptiva a reflexiva. Este mínimo cambio (que en un estado pasivo implica un esfuerzo) en la tensión en los globos oculares altera la calma reflexiva de la mente y requiere de una respuesta inmediata de relajación de los ojos que no pasa por la mente.
Experimentando el esfuerzo-sin-esfuerzo en la práctica del Pranayama en posición supina, os podéis acercar al desarrollo del estado reflexivo de la mente durante el Pranayama sentados (mucho más exigente). Y aunque Pranayama sigue a Asana en el camino de los ocho pétalos del yoga, la cualidad del no esfuerzo desarrollada en la práctica del Pranayama en postura sentada lleva a mejorar la práctica de Asana. Entonces, al llegar al minuto catorce en Dwipada Viparita Dandasana, la mente reflexiva se mantiene exquisitamente sensibilizada a las ondas más sutiles que crea el cuerpo y observa como la naturaleza reflexiva de las células del cuerpo las obliga a  efectuar un cambio sutil para realinearse y eliminar el esfuerzo no intencionado e innecesario que las perturba.
De alguna manera he estado hablando acerca de como “hacer” el proceso de deshacer, lo cual puede parecer paradójico. (He sido acusado de cosas peores). La frase esfuerzo-sin-esfuerzo es en sí misma paradójica. ¿Cómo se realiza un esfuerzo sin esfuerzo? Puede ser útil aclararlo mediante una adivinanza conceptual del esfuerzo-sin-esfuerzo observando la relación de abhyasa y vairagya.
Abhyasa se traduce  habitualmente como “esfuerzo”. Se refiere al hacer. Y vairagya muy a menudo se traduce como “desapego” u “objetividad”. Se trata de deshacer. Así como Pranayama va después de Asanas, vairagya va después de abhyasa. Así como el Pranayama puede inspirar y refinar las Asanas, vairagya puede y de hecho debe, aportar color a abhyasa de manera que cada uno tiene la imprenta del otro. Podéis practicar para llegar a tocar vuestra cabeza con los pies en Kapotasana (abhyasa), pero deberíais desapegaros de la idea de llegar a la postura final cuando vuestro sacro avisa que todavía no está a punto para llegar tan a fondo (vairagya).

Como dice Guruji, abhyasa y vairagya son las dos alas del águila de la sadhana que nos conduce por las colinas y de los valles de las fluctuaciones de la mente hacia la morada del yoga en la cual podemos ser en cada momento, nuestro verdadero Ser, indivisible y completo. En este punto, prayatna shaitilya ananta samapatthibhyam nos ha llevado a dvandvah anabhighatah (II:48), donde hemos trascendido la dualidad, donde abhyasa y vairagya, lo interior y lo exterior, el esfuerzo y el no esfuerzo, el hacedor y el actor se desvanecen.
Entonces ese momento, ya no es una cuestión de más esfuerzo o menos esfuerzo, o incluso de esfuerzo-sin-esfuerzo. Por tanto, cuando Guruji permanece en una intensa extensión de columna, ese momento parece una eternidad, y solo en ese momento es el asana, el presente infinito. Sin esfuerzo, simplemente se es.

ARTÍCULO ESCRITO POR John Schumacher, fundador y director del Unity Woods Yoga Center
TRADUCCIÓN: Agnès Pérez.